El “pride month” es la época del año en la que el colectivo LGBTQ+ conmemora la lucha de los derechos de los integrantes de la comunidad. Se desarrolla en el mes de junio de cada año y, en algunas ocasiones, suele ir hasta los primeros días de julio. Para nadie es un secreto que las actividades realizadas alrededor del mundo generan un gran movimiento de dinero, por lo que grandes conglomerados empresariales, marcas reconocidas de diferentes sectores económicos, tiendas departamentales, empresas tecnológicas, restaurantes y demás organizaciones demuestran, en los productos y servicios que ofrecen, su “apoyo” a la comunidad.

Mas, ¿es esta “solidaridad” completamente genuina? A medida que pasan los años, el orgullo que se siente por ser parte de la comunidad, y la necesidad de mostrarnos ante el mundo tal como se identifican y se sienten, ha hecho que más personas se hagan parte abiertamente de la celebración de este mes. Queriendo mostrar su filiación por medio de prendas de vestir, accesorios, frases, entre otras cosas. Esta emoción y difusión, si bien ha generado un impacto positivo en el mundo y en las personas; el hecho de ser gay, lesbiana, transexual, etc. se ha convertido también en un negocio.
Así, a través de estrategias específicas de marketing –como el cambio de color del logo con los colores de la bandera LGBTQ+– tratan de mostrar su apoyo hacia “nosotros los maricas”. Y se presenta una situación particular, en la que muchos de los integrantes de la comunidad suelen aceptar estas estrategias de mercado.
No obstante, por lo anteriormente descrito, otra parte del movimiento critica fuertemente este tipo de actividades, puesto que –al investigar acerca del historial de muchas de las marcas que hacen este tipo de gestión– se hacen evidentes comportamientos pasados de estas empresas: actitudes de rechazo y de repulsión. Entonces, aprovechándose de estas fechas, una vez más, de manera hipócrita, tratan de comprar a quienes han agredido en más de una ocasión. Esto último se observa, por ejemplo en sus discursos de odio o en políticas que derivan en discriminación y exclusión laboral, bien sea por la orientación o preferencias sexuales de los empleados, las expresiones lingüísticas, la vestimenta o el género.
Aunque no hay que desconocer que hay empresas a las que verdaderamente les interesa la visibilización y la defensa del colectivo en cuestión, que buscan la inclusión de los y las integrantes de este, no se puede negar el hecho de que estas estrategias venden. Y, así como algunas personas se sienten atacadas, otras se sienten aliviadas, a pesar de que esté presente el consumismo.
Ahora, parece que esta mercantilización es algo inevitable, que se mantendrá presente mientras el capitalismo funcione como modelo económico en el mundo actual. Empero, es posible combatir estas estrategias informándonos acerca del historial de las marcas que acogen el movimiento, comprando en comercios locales, denunciando comportamientos homófobos y de exclusión que sean de nuestro conocimiento y, en general, estableciendo una postura crítica respecto de lo que consumimos.
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