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La agricultura como constructora de futuro

Javier Archila

Gracias a la agricultura, muchas familias obtienen ingresos. 4 millones de personas en Colombia se ven favorecidas por esta labor. A esta cifra hay que sumarle el número de personas que consumimos productos procedentes del campo. Así, podemos empezar a dimensionar la importancia que ha tenido esta actividad en nuestro país y por qué la podríamos denominar como una constructora de futuro, pues contribuye al progreso del país, impulsando la economía e incentivando el empleo, aumentando, de esta manera, los indicadores de productividad y de competitividad.

En la actualidad, Colombia se desempeña como "despensa mundial". Dicho nombre se le vincula por la gran cantidad de productos que exporta al mundo procedentes de la agricultura. Sin duda esto es una oportunidad de oro para el país; más aun conociendo el dato de que en el territorio solo se usa, aproximadamente, entre el 19% y el 21% del terreno disponible. El momento del país es clave para invertir aún más en esta labor, buscando aprovechar la gran biodiversidad y los recursos hídricos con los que se cuenta y la industrialización debe ser un concepto cada vez más vinculado y priorizado por los gobiernos, ya que es necesario el uso de tecnologías que faciliten y agilicen los distintos procesos.


A través de estos últimos dos años, hemos podido ver una pizca del problema que se plantea. En esta pandemia del covid-19, para muchas personas alrededor del mundo por cuestiones de sanidad y cuarentenas fue difícil y caro acceder a sus empleos y, por ende, abastecerse en alimentos y otras mercancías. A pesar de que Colombia también fue afectada por el virus logró aumentar considerablemente las exportaciones y generar más ganancias para el país.

Dicha situación no es solo un llamado a una oportunidad comercial para Colombia, bien se sabe que la población mundial aumenta a diario y se prevé que, para el año 2050, será de más de 9 billones de personas. Lo anterior nos compromete como sociedad a asegurar un futuro en el que quepamos todos y no existan las brechas por alimentos. Es por eso que el país debe comprometerse a impulsar este sector y ser esa fuente proveedora de insumos a nivel mundial.


Lastimosamente, esta valiosa oportunidad no se está aprovechando del todo. Existe una falta de inversión y crecimiento gigante en el campo, donde extensos terrenos están sin usar y hay una inequidad en la distribución del terreno, siendo aquellos que trabajan la tierra los que menor porcentaje de esta tienen. Otro gran problema es la violencia que azota las comunidades que viven de estas tierras, siendo despojados de sus lugares. Pero no solo eso, las personas se ven expuestas a enfermedades por cultivos o animales, pues no tienen la infraestructura, tecnología, maquinarias ni materiales idóneos para ejercer su labor de manera segura.


Sin embargo, es importante mencionar que, si bien es cierto que un gran porcentaje de estas tierras no se aprovecha, hay otros espacios que con justa razón permanecen sin trabajar, tal es el caso de zonas de reserva especial donde precisamente se busca proteger esos ecosistemas y es vital dejarlos de ese modo; así también ocurre con los espacios de resguardos indígenas. Aun así, el enfoque principal debe ser crear las condiciones para que el campo pueda desarrollarse, como por ejemplo la construcción de vías y la reducción de precios de gasolina que minimicen gastos de transporte. Esto, claro, sin comprometer las ya mencionadas zonas indígenas y reservas ambientales.


Como hemos podido ver, hay un largo camino por delante. A pesar de que pinta bien para muchos países como Colombia, donde se tiene ese gran potencial para crecer; es injusto que sea la falta de inversión y de interés de aquellos que pueden hacer un cambio más significativo lo que lleve a desaprovechar esta oportunidad de oro para que se construya un mejor futuro tanto para el país como para el mundo.

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