
Actualmente sufrimos una gran crisis climática y para nadie es un secreto que ha sido causada por nosotros mismos como especie. Sin embargo, gran parte de la culpa, por no decir que toda, es de las grandes industrias y potencias, como China y EEUU, con empresas como Coca-Cola, Apple, Samsung y Nestlé, las cuales se han encargado no solo de la explotación en masa de recursos naturales, sino también de los derechos humanos. Pero, ¿cómo es que han logrado seguir adelante en el mercado y ser aceptadas por el público? Aquí es cuando el marketing y la cultura del consumismo desempeñan un papel importante, pues se apoyan mutuamente para generar una estrategia que limpie y venda una nueva imagen ecofriendly de determinada empresa, naciendo así el Greenwashing. Este ocurre cuando un producto es presentado como “verde” (amigable con el medio ambiente) para satisfacer las necesidades tanto éticas, como estéticas, del consumidor frente a la catástrofe ecológica presente. Según la Revista Mediterránea, es el proceso que tiene lugar cuando una compañía promueve campañas que no son coherentes con sus acciones a nivel medioambiental. El Greenwashing solo existe si la compañía es acusada de ello por medios de comunicación, ONG u otros actores. El Greenwashing compromete, porque los consumidores modernos comparten y niegan el secreto a voces de ser cómplices de los horrores nacientes del antropoceno. El Greenwashing manda un mensaje a los consumidores que normalmente no participan en el declive ecológico y lo presenta como el antídoto ante el veneno. De esta forma entramos en la teoría de la legitimidad que, según Mark Suchm, “es una percepción o suposición generalizada de que las acciones de una entidad son deseables, adecuadas o apropiadas dentro de algún sistema de normas, valores, creencias y definiciones construido socialmente”. Podemos catalogar el Greenwashing como la industria destructora del medioambiente, vendiéndonos una falsa responsabilidad con este; aprovechándose de la crisis ambiental y de la preocupación por detenerla, con simples términos como “ecológico, ecofriendly, natural y sostenible”. Cuando la realidades que sus nuevas estrategias, productos y servicios no tienen nada de eso, pues no van dirigidos a la reducción del consumo, sino que, en su lugar, te cambian la meta de consumo y sus productos, haciéndote creer que eres un ser más amable y consciente con el medioambiente, mientras sigues siendo parte del desperdicio de recursos que beneficia económicamente a las empresas que se encargan de destruirla naturaleza y se desentienden de su responsabilidad como principales generadores de huellas de carbono. Consumidos por el mismo consumo, muchas veces es difícil ver cuándo y cuándo no estamos siendo insensibles con nuestra madre tierra, todo porque hemos normalizado su maltrato e ignoramos que nos ha traído como especie un sinfín de problemas, hundiéndonos constantemente en sus pozos de inequidad, explotación laboral y ambiental.
Es por esto que es nuestro deber educarnos como seres más críticos y menos conformistas con quienes nos quieren ignorantes para su beneficio. También es muy importante el acompañamiento de ONGs, medios de comunicación, usuarios y gobiernos que defiendan el bienestar del medioambiente y nieguen la publicidad engañosa del Greenwashing, pues, como lo menciona la Revista Mediterránea: si una empresa no es acusada de tal acto, este pasa desapercibido; “no existe”, ya que en este fenómeno es fundamental el escrutinio social.
Ejemplos de Greenwashing:
· Empaques de “Bioplástico” pueden ser reciclados, sí, pero no tienen un componente orgánico.
· H&M siendo fastfashion mienten en un 80% sobre su sostenibilidad con el medio ambiente.
· Coca-Cola lanzó un producto en el que se sustituía el azúcar por stevia, comercializado en envases verde con publicidad asociada a elementos naturales dando una imagen más ecofriendly, siendo una de las empresas más destructivas en términos medioambientales.
· Fast food o empresas de comida rápida: Algunas empresas de comida rápida utilizan una estrategia de marketing cambiando el color inicial de la etiqueta a verde, indicando su relación con la naturaleza. Sin embargo, la agricultura y la ganadería intensiva, el uso de productos químicos en sus productos y las cadenas de transporte muy largas utilizadas por estas empresas las desmienten.
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