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¿Qué tan responsable es tu closet?

Dana Sofía Maldonado Villamizar

Actualizado: 24 oct 2022

El acto de vestirnos, más allá de ser algo de la rutina diaria, es la manera en la que le contamos al mundo quienes somos a través de formas, estilos y colores. La moda es un medio de expresión, un arte personal que ha existido y evolucionado de la mano de la sociedad. La moda también es revolucionaria “no se entiende a Chanel sin todas esas mujeres, las garconnes, que se opusieron a las barreras estéticas y conductuales de género; a Yves Saint Laurent sin la juventud rebelde de Mayo del 68; a Paco Rabanne sin el Swinging London o a buena parte del diseño de pasarela de los ochenta y noventa sin los punk o los blitz kids” (Leticia García).


Por medio de los desfiles de moda, que existen desde 1800, los diseñadores muestran al público y a las personas de la industria de la moda, sus creaciones y su punto de vista de la temporada. Pasados ya varios días del Fashion week es importante analizar la propuesta que una de las marcas de alta costura presentó para reflexionar acerca de la responsabilidad que tiene la industria textil en el mundo. Para aquellos que no sepan, Fashion Week es el evento más importante del mundo de la moda. Este tiene una duración de cuatro semanas y se desarrolla en las capitales de la moda (Nueva York, Londres, Milán y París). Los diseñadores, marcas y casas de moda muestran sus últimas creaciones para las temporadas de primavera-verano y otoño-invierno ante posibles compradores y medios de comunicación.


En la semana de París, cuando llegó el turno de Balenciaga, esta casa de alta costura presentó una propuesta diferente en su desfile, gracias a su director creativo Demna Gvasalia. El quería demostrar que la moda no solo se trata de lujo, sino que esta debe exteriorizar la realidad por la que la sociedad esta atravesando. “Vivimos en un mundo aterrador”, afirmó Demna, “creo que la moda debe reflejar el mundo”. En el desfile se exhibían prendas que eran manchadas con el barro de la pasarela. Estas buscaban representar un planeta ensombrecido por las consecuencias de la crisis climática y los conflictos humanitarios, con el propósito de dejar el mensaje de que debemos empezar a pensar en las siguientes generaciones con el estado actual del planeta. Además, los modelos utilizaban mascaras de látex, que, de acuerdo con Demna, representaban la relación actual que existe con el obtener de manera rápida las últimas tendencias y cómo esto puede borrar por completo al individuo que las usa. “La moda es una herramienta” pero “depende del consumidor como usarla”. Creo que todos podemos concordar que en los últimos años hemos abusado de ella.


La respuesta ante el problema de sobreproducción de ropa es la constante búsqueda de “novedades” que estimulan las ventas, esto básicamente es el modelo actual de negocios de “low cost”, o lo conocido como “fast fashion”. La esencia de este fenómeno reside principalmente a la creación de nuevas tendencias de forma más rápida, lo que ha dado lugar a un incremento del número de colecciones al año, pasando de las tradicionales dos temporadas, otoño-invierno y primavera-verano, hasta 24 colecciones anuales en el caso de Zara o entre 12 y 16 colecciones anuales en el caso de H&M.

Para que esto se dé, las marcas deben reducir los tiempos de diseño y producción. En cuanto a la fase de diseño, se inspiran en las creaciones realizadas por las firmas de alta costura, que exponen en las Fashion Weeks, ya que mediante pequeñas modificaciones de estos diseños elaboran sus propias colecciones. Los costes de producción también disminuyen como consecuencia de la deslocalización de empresas textiles a países dónde la mano de obra es más barata. Todo ello permite que las firmas puedan ofrecer productos de tendencia a bajos precios, propios del fenómeno fast fashion. De esta fabricación rápida y barata ha surgido un nuevo comportamiento de la demanda que ha reducido la tasa de utilización de las prendas y consecuentemente ha aumentado considerablemente el gasto del consumidor.


La “fast fashion industry” deja unas 92 millones de toneladas de desechos y consume 79 trillones de litros de agua al año, de acuerdo con un estudio de Nature. Sé que la cifra descomunal los puede dejar pensando cómo es posible que suceda esto. Procedo a explicarles de donde sale una parte de estas.


Todos podemos concordar en que un blue jean es una prenda indispensable en cualquier closet, pero desconocemos el costo ambiental del mismo. En la fabricación de un simple par de jeans se consumen unos 10.000 litros de agua y el azul índigo sintético con el que se tiñen es un contaminante que contiene cianuro, entre otros venenos. Todos esos químicos que se usan para lograr el producto final se lanzan a los ríos, mares y océanos. Es por eso que el director ejecutivo de Levi’s, Chip Bergh, ha declarado que lo mejor es no lavar los jeans “nunca” y quienes saben de este tipo de tela recomiendan meter el jean en el congelador para eliminar las bacterias en vez de usar la lavadora.


También encontramos a la tela de algodón, ya que es el producto de un proceso muy tóxico que implica el uso de los pesticidas más nocivos que no solo contaminan las aguas sino también la calidad del aire. En el mundo se producen al año unas 25 millones de toneladas de algodón convencional, que en su mayoría se obtienen de cultivos que fueron genéticamente modificados para evitar plagas pero que requieren de más pesticidas que en los tiempos en los que las semillas no habían pasado por un laboratorio. Este algodón se combina generalmente con tejidos sintéticos como el acrílico y el poliéster cuyas fibras, nuevamente, suelen terminar en ríos y mares.


Podría tardarme mucho más dando otros ejemplos de materiales que son tóxicos pero esto no se trata de aburrirlos lanzando un montón de datos y cifras, se trata de entender las consecuencias nefastas que ha dejado la producción masiva de ropa “low cost” porque la industria de la moda no es mala, lo malo es el Fast fashion. Pero no crean que entonces esto es solo cuestión de la industria, el consumidor también tiene una gran parte de responsabilidades en la contaminación que se produce, porque como dicen por ahí, no hay oferta sin demanda.


Y no, no estoy diciendo que entonces ya no debemos comprar ropa, ahora se trata de aprender a vestirnos de manera consciente. Quizás eso también era lo que se buscaba representar en el desfile de Balenciaga, porque pensemos que sentido tiene entonces tener prendas hermosas si ni siquiera tendremos un mundo en donde lucirlas. Pero no hay que temer, existen muchas estrategias para reducir el impacto negativo. Hay un movimiento llamado “slowfashion” que como claramente dice su nombre, busca lo contrario a la moda rápida. El fin es reducir la cantidad de producción de prendas, mejorar la calidad del producto, siempre y cuando vayan de la mano con un buen precio y que no perjudique al medio ambiente. Para apoyar este movimiento se puede empezar con revisar las etiquetas de las prendas cuando se vaya a comprar ropa, fijarse el origen de estas, ya que existen telas que se obtienen de cultivos y procesos menos contaminantes entre las que se puede escoger, así como ropa que ha sido directamente creada de material reciclado. Por ejemplo el algodón orgánico que, a diferencia del que está modificado genéticamente, está libre de pesticidas y otros productos químicos. El algodón orgánico exige 71 % menos agua y 62 % menos de energía que el algodón convencional. El Poliéster reciclado, que sale de las botellas de plástico pueden ser recicladas y convertidas en tela de poliéster. La fibra de lino proviene de la planta del mismo nombre y se considera una tela ecológica porque es biodegradable cuando no ha sido intervenida con químicos. Es resistente a las plagas, de ahí que no necesite pesticidas y tampoco fertilizantes. También esta la creación de bazares de ropa o tiendas de segunda mano o lo también conocido como “vintage”. Esto se trata de ponernos creativos, la moda es divertida y dinámica pero como dijo Demna depende del consumidor como usarla.

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