Hasta donde alcanza la sororidad
- Laura Arciniegas
- 25 jun 2022
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 26 jun 2022

La sororidad, una palabra muy sonada y con mucho furor en los últimos años, se define como la “relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento” (definición que se ajusta a este escrito). Es, básicamente, eso que se menciona; una amistad o afecto entre mujeres o, más bien, una relación de solidaridad entre estas, usado por personas –o, en su defecto, mujeres– que dicen pertenecer al movimiento feminista o que se sienten identificadas con este.
El problema con este término, y con su uso, es que esta “amistad entre mujeres” se ha convertido en la cosa más utópica del planeta, incluso más que vivir en un capitalismo sano en el que no se destruye el medio ambiente o en un lugar dónde los políticos no mientan para subirse al poder. Pero, ¿por qué utópico? Estamos en el siglo XXI, donde supuestamente las cosas han cambiado, la humanidad ha evolucionado y las mujeres no nos damos tan duro entre nosotras (el verdadero quien pudiera). Sin embargo, esto no es así, aún existe esa rivalidad absurda entre mujeres, en la que se critican por no llevar x o y prenda, por no tener el cabello de algún color, por “arreglarse” o no, y hasta la pelea sinfín de quién se queda con el man, dejando así de lado todo el concepto de lo que es la sororidad.
Lo más triste –y la experiencia es la que se ha encargado de hacérmelo saber– es que la que más se la da de feminista en redes, que va a marchas y comparte frases motivadoras de “amiga date cuenta”, es la menos sorora de todas, su incoherencia es tan grande que no se desliga de su propio bienestar y de lo que se supone que cree o no. No me malinterpreten, no estoy afirmando que no haya que hacerle saber al mundo sobre el restablecimiento de derechos de las mujeres. Estoy criticando esa incoherencia existente, en la que de puertas afuera suena muy lindo todo, y se ve genuino, pero las mismas acciones aniquilan esa buena imagen, botando todo el discurso a la mierda y dejando a esa persona en una posición de incertidumbre dónde uno ya no sabe si lo que predica es cierto o no.
Allí es cuando viene la pregunta: ¿hasta dónde le alcanza la sororidad? ¿Hasta dónde le llega el momento de escoger con qué personas es sorora y con qué otras no?
El tema es el siguiente, desde años atrás, esa pelea entre mujeres a la que nos hemos visto sometidas y en la que hemos participado activamente se sigue replicando, se siguen repitiendo acciones llenas de violencia, de engaños, de discursos mentirosos, y pareciera que estuviéramos en un círculo vicioso. Nos cuestionamos, lo pensamos un segundo, lo tratamos de procesar, pero no lo logramos y seguimos por la vida siendo mal llamadas feministas por la incoherencia propia que nos negamos a combatir.
Es muy diferente a que uno le cueste o no promulgar esa sororidad con las personas, tiene que ver más con la imagen que uno ha decidido mostrar al mundo, con los valores propios y con lo que uno desea tener como sociedad y con lo que uno quiere construir con la misma.
La sororidad es algo que uno debería practicar todos los días, hasta con los que a uno le cuesta más ser generoso y amable, así como el cristiano dice que hay que rezar por el enemigo, así mismo es con la sororidad. Es intentar ser coherentes con cómo me veo ante la sociedad y cómo soy de verdad.
Que esta teoría tan color de rosa no se quede en eso, no se quede en las marchas con banderas para subir a instagram, con párrafos largos en facebook creyéndome open-minded, siendo aliade de la comunidad, cuando lo que hago es quitar novios y hablar mal de otras mujeres; es más bien que pueda ser aplicada y que se haga un auto análisis de lo que para mí está bien o está mal, y que no cueste el decir ser sorora o no.
Comments