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Introducción a una sociedad en paz

María Angélica Higuera Sierra

Actualizado: 10 jul 2022

Han pasado seis años desde el tan nombrado plebiscito sobre el acuerdo de paz en Colombia. Desde entonces no se ha parado de hablar de la paz.


Pero, ¿qué es paz? Al nombrarla se relaciona casi de manera automática con lo contrario a la guerra, lo cual parece lógico, pues, si no hay conflicto, hay armonía. No obstante, definirla es más complejo que entender una relación antónima. Después de la guerra viene la paz, pero consigo trae el hambre, la miseria, la desigualdad; hay sufrimiento. Entonces, la paz no es paz, es conformismo, cansancio, resignación. Para hablarles de términos ya establecidos, a este fenómeno se le denomina paz negativa. Y es la única paz que la humanidad ha conocido. Emana mediocridad y es tan estable como el precio del dólar.


Las paredes que antes eran pintadas por los grupos armados generando terror en la población, ahora lucen coloridas imágenes de reconciliación y paz.

Foto: Jaiver Nieto Álvarez / El Tiempo


La verdadera paz —la paz positiva— demanda un mayor esfuerzo por parte de todos los individuos. En el núcleo de esta se encuentra la justicia social; un estado de bienestar donde hay una constante lucha por conservar, proteger y garantizar los derechos de las personas. La obligación de impartir justicia social se la dejamos en su totalidad al gobierno de turno, porque le tenemos un inmenso miedo al compromiso; comprometerse ser responsables de las consecuencias. Sin embargo, nadie quiere ser hacerse cargo si cosas salen mal y, por eso, preferimos señalar. Pero es absurdo, porque la paz no se puede imponer y eso es, precisamente, lo que hacen los gobernantes: imponen ideologías, imponen leyes, imponen lo que les favorece más. Y aunque implanten la paz, esta no va a ser más que una fachada, porque no le puedes decir a alguien que no conoce la paz “vive en paz”, no va a entender esas palabras, porque no tiene con que asociarlo. Antes de seguir debo aclarar —para evitar malentendidos— que mi finalidad no es exonerar al gobierno de sus obligaciones, reconozco el papel fundamental que ocupan dentro de la consolidación de justicia y equidad, y su evidente abandono a tales temas. Sin embargo, no puedo perdonar nuestra hipocresía. No se puede exigir desde la indiferencia.


Como no conocemos la paz, construirla se convierte en un reto. Naturalmente, nos es difícil construir estando tan acostumbrados a la inmediatez, todo lo que necesitamos está a una búsqueda en Google; la demora depende de nuestra red WIFI. El problema con la paz es que solo se conoce en la práctica, muchísimas páginas en internet tendrán la teoría que, si bien es útil, no sirve de nada si se queda solo para alimentar el intelectualismo.


Como para cualquier construcción, se requieren bases sólidas. La sociedad depende de los individuos, sin estos, desaparece. Por tanto, son las personas la primera base. Hay una tendencia a pensar que debemos convencer a los demás de que nuestra moral es la correcta y la que deben seguir —señalo esto para aclarar que, al referirme a los individuos, no quiero decir que se deba hacer una transformación ideológica en masa—, pero no se trata de una competencia por la moral más coherente, la transformación del individuo es una constante conversación con el yo: la introspección. Cuando se es consciente de la manera en la que me relaciono con mi yo y con los demás, se puede empezar a construir la paz.


De pronto llegaron acá esperando más respuestas para alcanzar la paz, pero no las tengo. De lo que estoy segura es de que, si se examinan ustedes mismos , encontraran pequeñas chispas, que pueden ser contagiosas.

 
 
 

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