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¿Qué tiene la puta?

Foto del escritor: Laura ArciniegasLaura Arciniegas

Puta. Palabra que viene de putta (muchacha), femenino de putto (muchacho), o que viene de putida (podrida), relacionada con estar podrido, apestoso o también con la pobreza (raíz indoeuropea pou-).


La puta siempre ha sido tema de conversación durante las distintas épocas en las que ha vivido el ser humano. De alguna manera, siempre ha tenido una influencia en la sociedad, ha sobrevivido a las múltiples persecuciones y sigue dando de qué hablar.


En la época romana la prostitución se relacionó con la palabra puta, fue el nombre que se le dio a la trabajadora sexual, convirtiéndose en un sinónimo de ramera, buscona, cortesana, incluso de la misma prostituta, entre otros adjetivos calificativos un poco grotescos. Lo cual dio pie a una estigmatización —bastante generalizada— de quienes, a través de su propia sexualidad, buscaban el sustento económico.


El trabajo sexual siempre ha existido, es una realidad que hay que aceptar, y antes de que hubiera esta estigmatización tan profunda, en la Antigua Grecia, quienes se dedicaban a la labor del sexo eran llamadas Compañeras de Afrodita, que, aparte de ofrecer sus servicios, asistían a simposios filosóficos y eran consejeras políticas. Es decir, la vieja tenía mucho más estatus que otra parte de la población en esa época.


Después, con toda la construcción social de los roles de género y con la religión, empezó a cambiar la imagen de la puta. La puta era todo lo contrario a la “buena mujer” y modificaba el espectro de la niña que quería llegar virgen al matrimonio para servirle a su marido y a sus hijos, distorsionaba y hacía estorbo a la mujer santa, la bien hablada, la que cocinaba, y la que cumplía con los requisitos para conformar una familia “como Dios manda”. Desde ese momento, a la puta se le mandó a la mierda, y ha estado en la neblina intentándose esconder, queriendo pasar desapercibida y siendo una doña nadie, para no fragmentar esa buena sociedad que se inventaron.


Lo más interesante de esto es que, a pesar de los intentos fallidos de querer eliminarla por completo, siempre resurge ¿Quiere ser puta? Probablemente no —y eso daría para otra conversación—, pero ella sigue en pie, viviendo una vida que quién sabe qué pasaría para que en la reencarnación le tocara así.


Entonces, si ella se ha esforzado en esconderse, en dejar de ser el centro de atención, en intentar vivir su vida con las oportunidades que le quedan, ¿por qué le tenemos tanto odio a la puta?, ¿por qué yo soy superior a la puta?, ¿por qué eliminar a la puta?


Alrededor de la prostitución se han forjado ciertas creencias, que se desligan de todo y mucho más de lo que se ha mencionado, como el tema de la “buena mujer”, también ha metido mano el tema de la salud, las enfermedades de transmisión sexual, pero sobre todo la figura del libertinaje. Que serían excusas puestas en la mesa para intentar dar respuesta a estas cuestiones, pero en últimas no son capaces de abarcar todo lo que implica y lo que hay alrededor de esto.


Por eso, lo anterior sigue sin responder a ese álgido odio por quién decide ser puta. Pero aquí unas posibles respuestas, que intentan ir más allá de lo que ya se ha dicho. Primero, nos hicieron odiar a la puta porque ella fue la que decidió trabajar con su cuerpo, nos hicieron odiar a la puta porque ella era quién salía a la media noche a buscar su sustento, nos hicieron odiar a la puta porque ella era quien quitaba maridos, cuando simplemente estaba parada en la esquina buscando los $50.000 del día. Entonces, ¿por qué no odiamos al marido infiel, machista y encima alcohólico? ¿Por qué no odiamos la imposición sobre el cuerpo que se nos ha hecho? ¿Por qué a la puta? ¿Qué tiene la puta?


La superioridad moral que hay en torno a la realidad de la puta viene de una visión un poco sesgada ya que en verdad no se sabe por qué le tocó así. Nadie sabe la vida de nadie y por eso el querer ridiculizar e insultar por medio de palabras —como lo es la puta— no tiene un sentido mismo, es algo sin fundamento. Y odiar por odiar, pues bueno, somos colombianos, ya sabemos cómo nos ha salido de caro ese odio.


La puta viene de una realidad completamente distinta a la de quién probablemente esté leyendo esto, ella es mujer como muchas otras, que —en el caso colombiano— probablemente no haya escogido ser puta. Ella surge, en muchas ocasiones, de la violencia, de la guerra; le da más plata ser puta que empleada del servicio, ella decide ser puta porque tiene hijos que alimentar, y muchas veces esos hijos viven una realidad distinta, porque ella no sabe cómo decirles que es puta, muy valientemente, dejando las posibles narraciones que ha escuchado sobre ella misma, intenta ir a buscar algo para sobrevivir.


La puta es mucho más que eso, es mucho más que la buenona coge maridos buscona hijueputa. Detrás de esa puta hay una historia dolorosa, en muchos casos. No se puede eliminar a la puta, habría que retroceder en el tiempo y decirle a esa primera mujer que no trabaje con su cuerpo, y es imposible. Ella siempre va a vivir, por eso la importancia de resignificar la palabra, esa palabra que conlleva estigmatización, que lleva violencia, una palabra que a mucho nos la han dicho con fines de insulto, esa palabra es mucho más que eso.


¿Qué tiene la puta? Yo creo que la puta lleva una historia que necesita ser contada, la puta lleva algo en sus pies que nadie más conoce y lleva una realidad cruda. No son pobrecitas, para nada, son un mundo de mujeres que escogieron vivir y trabajar desde su sexualidad, y por eso también creo muy firmemente que las putas merecen una vida digna, como todos los seres humanos, y necesitan que se les haga la vida un poquito más fácil en este mundo que decidió unánimemente odiarlas.

 
 
 

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