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¿Realmente soy yo o es la cultura?

Dana Sofía Maldonado Villamizar

Para hablar acerca de cultura es necesario conocer de dónde proviene la palabra o cuál es el significado de esta y así estar todos bajo un mismo contexto. Cultura es un término polisémico, lo que quiere decir que tiene muchos significados. Originalmente proviene de la agricultura, de la acción y efecto de cultivar, entonces se hablaba de “las técnicas de cultura” y todo lo referente a la producción agrícola. Más tarde, en el Renacimiento, fue implementada para referirse a personas que tienen gran conocimiento o desarrollo intelectual, como artistas, filósofos y, literatos. Finalmente su significado devino en lo que entendemos por esta hoy en día: maneras de vivir, costumbres, tradiciones adquiridas por la sociedad y cómo son aplicados estos conocimientos y habilidades.


Cuando decimos que la cultura son las maneras de vivir la vida o las tradiciones estamos planteando que a esta la componen las creencias, las normas, valores, símbolos, lenguaje e identidad de determinada realidad social. Por lo que los países tienen sus propias culturas pero también la podemos encontrar en el trabajo, colegio, casa, organización, básicamente, en cualquier espacio que logremos compartir con cualquier grupo de personas, porque nace una dinámica grupal que se va definiendo a través de todos. Por eso podríamos decir que está en todas partes, en cualquier interacción hay cultura. Esto es notorio cuando saltamos de un grupo a otro, el cambio del colegio a la universidad es un claro ejemplo de esto. Cuando entramos a la atmósfera universitaria la manera de actuar y de expresarnos ya no es la misma del colegio, y, si queremos adaptarnos a ese nuevo grupo social, debemos aprender las prácticas de este, por eso mismo dejamos atrás algunos hábitos que podríamos encontrar como “infantiles”, porque ahora, en este nuevo mundo de gente grande, no son bien vistas, en este sentido, no actuamos o hablamos de lo mismo cuando estamos en la casa a cuando estamos con los amigos. Asimismo, los chistes y los temas de conversación no son los mismos estando en diferentes grupos de amigos.


Básicamente, hemos aprendido a adaptarnos dependiendo de la gente o del lugar en que nos encontremos. Mas estas prácticas que aprendemos en cada grupo en el que estamos se forman cuando colectivamente las aceptamos, aceptamos la manera en la que hablamos entre nosotros, aceptamos los temas de los que hablamos, aceptamos la manera de tratarnos, y con base en esos acuerdos creamos cultura.


Pero, entonces ¿Qué pasa con aquello que el grupo no acepta?, ¿Qué sucede cuando pensamos distinto a nuestro grupo de amigos?, ¿Cambiamos nosotros o somos capaces de aferrarnos a nuestra moral y a nuestros principios?, Todo esto es necesario cuestionarlo para saber hasta qué punto estamos, realmente, siendo nosotros y cuándo nos estamos preocupando más por ser rechazados socialmente, admitiendo prácticas que no consentimos y por comportamientos que no se alinean con lo que somos.


Sin darnos cuenta la cultura nos afecta y nosotros la afectamos a ella, por eso mismo somos nosotros los que tenemos el libre albedrio a la hora de decidir quienes queremos ser como sociedad. La cultura y la sociedad van ligadas, cambian y evolucionan juntas. Una depende de la otra. Nuestros comportamientos, acciones y expresiones son los que nos llevan a ser como somos, son los que conforman nuestra cultura. Si no estamos satisfechos con ella, podríamos preguntarnos de qué manera estamos contribuyendo.



De la misma manera, no somos 100% culpables de nuestro actuar, debido a que la cultura que está a nuestro alrededor influyó en nosotros mucho antes de que nos diéramos cuenta; nacemos inmersos esta y absorbemos todo lo que podemos en nuestros primeros años de la infancia. Tenemos una cultura familiar, una cultura en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en la ciudad en que vivimos; de nuestra región, nuestro país y hasta del continente en el que nos encontramos. Entonces, ¿Quién realmente podría culparnos por simplemente aprender de lo que se nos fue enseñado intencionalmente o no?, pero si pueden culparnos de que, aunque pasen los años, seguimos teniendo las mismas practicas sociales que no nos ayudan a avanzar como sociedad. Como dijo Nelson Mandela “Podemos cambiar el mundo y hacer que sea un mundo mejor, cada día. A menudo nos quejamos de cosas (o personas) que quisiéramos que cambien; sin embargo, debemos comprender que el cambio empieza por uno mismo”. Quizá es momento de cuestionarnos qué impacto tenemos nosotros en nuestra sociedad y cómo impacta ella en nosotros; si simplemente aceptamos lo que las masas dicen que es lo correcto sin detenernos a cuestionar si cómo sociedad nuestra cultura podría mejorar, creer en el cambio y saber que este no puede empezar sin que personalmente cada uno aporte a este con su actuar. A fin de cuentas, si no nos agradan nuestras propias prácticas sociales, ciertos comportamientos o actitudes de nuestra familia, amigos o entorno es muy probable que hayamos contribuido y consentido la misma por tanto tiempo que se volvió algo común o cotidiano, justificando todo con “es que siempre ha sido así” o un “es la manera en la que los demás lo hacen”, sin ver que la cultura, al igual que nosotros, puede cambiar y transformarse en lo que colectivamente acordemos.

 
 
 

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