Hace más o menos un mes se escuchó por las redes sociales el caso del congresista Mauricio Toro. Él denunció que, a razón de su orientación sexual, se había radicado una recusación en su contra para que no pudiera debatir sobre el proyecto de ley que él mismo está promoviendo y busca prohibir las terapias de conversión contra personas LGTBI en Colombia (Tiempo, 2022). Total, el caso fue muy sonado por él ser abiertamente gay y porque no lo dejaron participar en algo que va con sus intereses; todo esto resulta un poco ilógico ¿no?, pero este no es el punto. La verdadera pregunta es: ¿qué putas son las terapias de conversión?

¿Qué son los ECOSIG y qué implica la penalización de las terapias de conversión? Foto: El Closet LGTB
Pues bien, durante varias décadas, las personas homosexuales –o no heteronormadas– han sido afectadas por la sociedad. A la homosexualidad se le ha ligado con términos como pederastia, pedofilia, androfobia, entre otros. Relacionándola con dichas alteraciones psiquiátricas infiriendo que la homosexualidad es un problema, lo que ha generado una mala concepción de esta, como si fuera un trastorno o enfermedad.
A partir de esa idea de que la homosexualidad es algo errado, y de que para una parte de la población no debería existir, se crearon las “terapias recreativas, de reorientación sexual o de conversión de la homosexualidad” (APA, 2002), buscando, como su nombre lo dice, cambiar la orientación sexual de las personas gays.
Incluso en Colombia, la situación de las personas homosexuales ha sido bastante difícil, ya que además de vivir en constante estigmatización a causa de la cultura colombiana, en la cual está muy arraigado el pensamiento religioso, el conflicto armado también ha sido partícipe de este odio a los homosexuales que desde 1983 se convirtieron en el blanco de operaciones de “limpieza social”, lo cual deja un mensaje de “o cambia su orientación sexual o lo matamos”.
A raíz de esta filosofía, las terapias de conversión, a simple vista, parecen una salida efectiva. Pero existen varios problemas con estas mal llamadas terapias, empezando por las formas que se utilizan para que la persona “deje de ser homosexual”, ya que se agreden los derechos humanos al usar prácticas peligrosas que están desacreditadas por organizaciones de psicología como la Asociación Británica de Psicología, el Real Colegio de Psiquiatras, entre otras.
Estas terapias se suelen esconder dentro de clínicas, hospitales psiquiátricos o centros terapéuticos, pasando por tratamientos especializados y certificados. Sin embargo, la realidad es que, en esos lugares, se intenta que la persona deje de ser quién es, es decir, deje su identidad sexual de lado, por medio de técnicas y prácticas como la castración, los shocks electroconvulsivos, el uso de la vergüenza, el control de masturbación, entre otros, que lo que hacen es degradar a la persona para actuar conforme a las normas de género que se han establecido en la sociedad. Además, generan consecuencias gravísimas como altos niveles de depresión, la probabilidad de usar drogas ilegales e, incluso, y la más grave, el suicidio.
Pero la verdadera pregunta es, ¿esto sigue sucediendo o es puro invento de millenial aburrido?
La triste respuesta es que sí. En Colombia y en otras partes del mundo esto continúa siendo la realidad de muchas personas homosexuales. Por ejemplo, en una nota de El País titulada “Te liberamos. Eres libre de todo demonio y homosexualismo”, se cuenta cómo un joven de 20 años llamado Andrés estuvo en un “ritual de liberación” en donde lo sujetaron de las extremidades mientras le apretaban el estómago y repetían una oración. También, el mismo Mauricio Toro habló con Caracol Radio, explicando que la Fiscalía había desmantelado un sitio de terapia de conversión, donde encontraron personas esposadas y desnudas que fueron sometidas a electroshocks, baños de agua fría, violaciones, entre otras cosas.

Proyecto de ley en Colombia busca detener ‘terapias de conversión’ Foto: Camilo Gómez / EgoCity
Sí, en esta época siguen pasando ese tipo de cosas. Incluso, si se quisiera ver desde otra perspectiva, en el Medio Oriente, en el 2020, se suicidó Sarah Hegazi, quien era una activista egipcia, tras ser arrestada y torturada por alzar una bandera de la comunidad LGTBI+, durante un concierto en el Cairo. Fue sometida a estas terapias de conversión, que le dejaron consecuencias irreparables llevándola al suicidio.
Sinceramente, esto es algo que tiene que acabar, ya que, como se mencionó, agrede tanto a los derechos humanos como a la persona. No es posible permitir que a más personas se les imponga este tipo de “procedimientos” por el simple hecho de querer vivir la sexualidad a su manera, algo tan personal e innato que no tiene nada que ver con los demás. Esto no se puede convertir en una excusa para violentar al otro por tener una visión del mundo y de la vida diferente.
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