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“Vivir sabroso”, algo más que un simple eslogan de campaña política.

Sebastián Bueno y Gabriela Ramírez

El 19 de junio de 2022, hace exactamente una semana, Colombia eligió a su primera vicepresidenta afrodescendiente, lideresa social y ambiental, abogada y activista por las causas feministas: Francia Elena Márquez Mina.


Francia Márquez es oriunda del Cauca, un departamento históricamente afectado por numerosas problemáticas sociales. Dentro de estas se encuentran los elevados niveles de pobreza y las precarias condiciones de vida (que para el 2021, según el DANE, el departamento presentó una incidencia de pobreza multidimensional y de pobreza monetaria de 18,6% y 58,3% respectivamente), así como una fuerte presencia del conflicto armado, el cual, dentro de sus múltiples efectos, ha derivado en desplazamientos masivos de la población (siendo Francia víctima del mismo en el 2014 cuando tuvo que salir de Yolombó con sus hijos a raíz de su activismo en contra de la minería ilegal en la zona). Como primera impresión, esto muestra que en Colombia aún hay regiones en donde alzar la voz se traduce en riesgos inminentes de diferente naturaleza.


Ahora bien, la elección de Francia despertó, y aún sigue despertando, todo tipo de reacciones, comentarios y opiniones. Por un lado, ha recibido muestras de apoyo y votos de confianza, los cuales reconocen y valoran su trayectoria como defensora de los derechos humanos y del territorio para la construcción de un enfoque en justicia social que sea transversal a la agenda nacional que guiará las prioridades del entrante gobierno. Pero por otro lado, ha recibido fuertes “críticas”, muchas de las cuales han estado permeadas por contenidos misóginos, clasistas y discriminatorios, varios de ellos dirigidos a la insignia del “vivir sabroso” que caracterizó (y aún caracteriza) la carrera política de Márquez; en un primer momento, para alcanzar la presidencia (en ese entonces, hasta las consultas partidistas del 13 de Marzo) y posteriormente, la vicepresidencia de la mano de su fórmula presidencial Gustavo Petro. De hecho, basta con mirar las redes sociales para darse cuenta de cómo esta frase ha estado asociada a algunos comentarios incendiarios y despectivos que ponen de manifiesto una interpretación puramente literal y/o superficial que desconocen lo que realmente significa esta filosofía, férreamente defendida por Francia Márquez, cuyo origen se sitúa en las formas de vida de los pueblos afrocolombianos del Pacífico.


En este sentido, lejos de ser ambiciosos o de pretender imponer una acepción o consideración absolutista del significado del “vivir sabroso”, quisiéramos brevemente poner sobre la mesa las verdaderas implicaciones de esta expresión al ubicarla dentro de un contexto pertinente. Esto busca entonces hacer un llamado a combatir la desinformación y a aportar sobre el reconocimiento de la heterogeneidad y la diversidad cultural, así como de las formas de vida y de pensar existentes y presentes desde siempre en nuestro país.


Seamos concisos y enfáticos: Vivir sabroso no implica recibir “todo regalado” por parte del Estado. Vivir sabroso no es vivir en “recocha y relajo”. Vivir sabroso no es no tener que trabajar para salir adelante. No es “vivir fácil”. No se limita a un eslogan de campaña política como ha podido leerse en espacios como las redes sociales o algunos canales televisivos.


Como lo destaca Ángela Reyes (2022), en un artículo para CNN en Español, Francia Márquez nos explica que vivir sabroso es “vivir sin miedo, vivir en dignidad, vivir con garantía de derechos”. Los investigadores Ángela Emilia Mena Lozano y Yeison Arcadio Meneses Copete (2019) lo definen como “un modelo de organización espiritual, social, económica, política y cultural de armonía con el entorno, con la naturaleza y con las personas”. Esto parte del reconocimiento de que las comunidades afrocolombianas históricamente han sido excluidas, e incluso invisibilizadas, por ideales de desarrollo y progreso homogeneizadores en nuestro país que desconocen sus propias formas de vida, sus experiencias, su organización, su historia y sus conocimientos. Aquí resulta importante resaltar propuestas diferentes e igualmente válidas de organización como sociedad, así como las prioridades con base en la experiencia y el conocimiento colectivo e individual. Además, vivir sabroso “se inscribe en una larga tradición de vida que dialoga con la filosofía africana, por ejemplo, el ubuntu y el muntu” (Mena & Meneses, 2019); filosofías que destacan la relación intrínseca entre seres humanos (basados en los principios de hermanamiento) y su conexión con el mundo material y astral. En este orden de ideas, “vivir sabroso” no es un término nuevo que pretende romantizar una vida sin esfuerzos. En lo absoluto. Es el reconocimiento y la reivindicación de los pueblos que buscan aplicar esta filosofía en la vida en comunidad y en sociedad, y es la motivación de Francia Márquez el extrapolarla para la construcción de una nueva visión de país.


Adicionalmente, según Lina Lucumí y Lizeth Sinisterra Ossa (2022), de La Silla Vacía, el término ha sido usado por los consejos comunitarios “con el fin de problematizar y tomar distancia de los ideales de progreso que no responden a sus sueños sobre el cuidado territorial, comunitario y ambiental”. Vivir sabroso aparece, entonces, como una filosofía de vida de los pueblos afrocolombianos en la que prima la armonía entre los individuos con la naturaleza. Vivir sabroso exige el respeto y la garantía de todos los derechos. Vivir sabroso supone reivindicar la dignidad de los pueblos suprimidos en la historia política, económica, cultural y social del país. Vivir sabroso es diversidad y heterogeneidad. Vivir sabroso es paz, diálogo y comunión.


En este sentido, las aspiraciones de Francia Márquez de vivir sabroso se traducen en un proyecto país en el que se materialice la paz que hemos buscado durante años. Se traducen en ponerle fin al conflicto armado, a la violencia, al desplazamiento de las comunidades y a la vulneración de sus derechos humanos y de sus derechos colectivos. Se traducen en que los líderes y las lideresas sociales y ambientales puedan ejercer sus actividades con las garantías necesarias para su protección. Se traducen en reducir y reparar el impacto medioambiental que suponen el extractivismo y las prácticas económicas invasivas con la naturaleza. Se traducen en la búsqueda de perspectivas pluralistas sobre las ideas de desarrollo y progreso. Se traducen en escuchar a quienes nunca han sido escuchados; a aquellos que histórica y estructuralmente han sido silenciados. Se traducen en garantía de derechos para todxs.


Si nos pidieran resumir el significado del “vivir sabroso”, diríamos: Vivir sabroso es vivir en dignidad y poder materializar los deseos y las aspiraciones propias y colectivas de vida.


 
 
 

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